Nunca llegué a ver ese cuadro porque por el
camino vimos uno en el que salían tres tías bastante antiguas. Se veía que eran
antiguas porque tenían, como dice mi madre, el tipo del tordo: la cabeza
pequeña y el culo gordo. Y nos quedamos allí plantados, el Orejones, Yihad y
yo, delante de él todo el rato; porque en ese museo ves un cuadro y ya te haces
a la idea de todos los demás porque se parecen bastante, la verdad. Las tres
melonas antiguas estaban desnudas y tenían unas cacho piernas que te da una tía
de esas con una de sus cacho piernas y te has muerto con todo el equipo para el
resto de tu vida. De repente, el Orejones leyó el título y resultó que el cacho
cuadro se llamaba Las tres gracias. Yihad se cayó al suelo de la risa y acto
seguido nos tiramos el Orejones y yo para no ser menos. Yihad se sacó un
rotulador de la chupa para escribir en el cuadro: Las tres gordas, y entonces
se acercó corriendo el guardia del Museo y nos preguntó por nuestra señorita y
nos llevó prácticamente esposados a donde estaba la sita Asunción, que estaba
con toda la clase viendo un cuadro de toda una familia mirando de frente, como
el vídeo que tenemos nosotros del bautizo del Imbécil.
Bueno, como te he dicho hace una hora, no pude
ver las mininas, son para mí uno de los enigmas del Planeta Tierra. Seguro que
mi madre me hace describírselas, ¿puedes ayudarme? Como no suene convincente me
la cargo. ¡Descarao!
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